En la noche del 6 de abril de 1520, el pintor más admirado de Roma murió de fiebre a los 37 años. Según el biógrafo Giorgio Vasari, los médicos que lo atendieron nunca supieron la causa real de su enfermedad porque Rafael se negó a contársela. Vasari también cuenta que la última pintura de Rafael, La Transfiguración, fue colgada sobre su ataúd durante el velatorio.
Rafael Sanzio nació el 28 de marzo de 1483 en Urbino, hijo de Giovanni Santi, pintor de la corte del duque de Urbino. Su padre le enseñó los rudimentos de la pintura antes de morir cuando Rafael tenía once años. Su madre había muerto antes. El niño se hizo cargo del taller de su padre y empezó a pintar encargos locales con una madurez que ningún maestro de la región podía explicar del todo.
A los dieciséis años, Rafael entró en el taller de Pietro Perugino en Perugia. El Perugino se convertiría en la mayor influencia de Rafael, pero, como ocurre tantas veces en la historia, el alumno superó al maestro y terminó convirtiéndose en uno de los pintores más reconocidos del Renacimiento italiano y de la historia.
Entre Forencia y Roma
En 1504 llegó a Florencia, donde Leonardo da Vinci y Miguel Ángel habían dejado obras que transformaron su forma de entender la pintura. Estudió a los dos con una voracidad que sus contemporáneos reconocían y él nunca ocultó. De Leonardo tomó la suavidad del sfumato y la psicología de los rostros y de Miguel Ángel, la monumentalidad de las figuras y la tensión de los cuerpos.
Cuando el Papa Julio II lo llamó a Roma para decorar las Estancias del Vaticano, Rafael solo tenía 25 años. Lo que pintó allí en los siguientes años, empezando por La Escuela de Atenas, lo consagró como el mayor artista vivo de Europa. Su dominio del proyecto fue tan avanzado que los demás pintores contratados para el trabajo fueron despedidos uno a uno.
Cuentan que Rafael tenía una personalidad agradable y encantadora. A diferencia de Leonardo, que trabajaba solo y en secreto, y de Miguel Ángel, que era huraño e intratable, Rafael dirigía un taller de cincuenta personas con una facilidad abrumadora.
La Fornarina
Su gran amor fue Margherita Luti, hija de un panadero del Tíber a quien llamaban La Fornarina. La retrató semidesnuda con un brazalete en el brazo izquierdo donde se lee Raphael Urbinas. Los rayos X han revelado que en ese retrato, debajo de la pintura visible, ella lleva un anillo de matrimonio que alguien intentó ocultar después de la muerte del pintor.
Murió el 6 de abril de 1520, el mismo día en que había nacido. Fue enterrado en el Panteón de Roma, con el epitafio: Aquí yace Rafael, ante quien la Naturaleza temió ser superada y, al morir él, temió también morir.

