
Leonora Carrington nació el 6 de abril de 1917 en Lancashire, Inglaterra, en el seno de una familia católica y adinerada, donde la criaron rodeada de relatos de hadas, animales fantásticos y folklore irlandés. Esa infancia mitológica nunca la abandonó.
Cuando su familia la envió a un internado en Inglaterra esperaba convertirla en una señorita de buenas costumbres, la expulsaron dos veces. Cuando la presentaron en sociedad en Londres, se negó a seguir las reglas del protocolo. Cuando los surrealistas la recibieron en París como la musa del grupo, respondió: “No tuve tiempo de ser la musa de nadie. Estaba demasiado ocupada rebelándome contra mi familia y aprendiendo a ser una artista”.
Estudió en la Academia de Pintura de Amédée Ozenfant en Londres. Fue su madre quien le regaló un libro sobre el Surrealismo con una obra de Max Ernst en la portada. Poco después lo conoció en persona en una cena. Tenía 20 años. Ernst tenía 46 y estaba casado. Se fueron juntos a París.
El psiquiátrico y la huida
En París entró al círculo de André Breton, Salvador Dalí, Joan Miró y Pablo Picasso. Participó en exposiciones internacionales del Surrealismo y empezó a desarrollar un lenguaje visual propio: criaturas mitológicas, animales que hablan, cocinas donde ocurren rituales, bosques habitados por seres que no tienen nombre en ningún idioma.
Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, las autoridades francesas arrestaron a Ernst como ciudadano alemán. Leonora, incapaz de soportar la situación, sufrió un colapso. Su padre, convencido de que estaba loca, la internó en un hospital psiquiátrico sin su consentimiento, donde le administraron drogas experimentales. Describió esa experiencia años después en su texto autobiográfico Memorias de Abajo, uno de los textos más perturbadores de la literatura surrealista.
Finalmente logró escapar, llegó a Lisboa y conoció al escritor mexicano Renato Leduc, quien se casó con ella para ayudarla a emigrar. Llegó a México en 1942 y nunca más se fue.
Su vida en México
En México, Leonora Carrington encontró su lugar. Se hizo amiga inseparable de Remedios Varo, con quien compartía el interés por la alquimia y el ocultismo. Pintó, escribió cuentos y obras de teatro, esculpió y en 1964 realizó un mural para el Museo Nacional de Antropología de Ciudad de México.
Cuando le preguntaban si era surrealista respondía que ella era ella. Murió en Ciudad de México en 2011, a los 94 años, con un pincel todavía en la mano.

