El Beso de Gustav Klimt. Una pareja arrodillada y abrazada íntimamente sobre un prado de flores. Están envueltos en pesadas túnicas doradas; la del hombre tiene patrones geométricos de rectángulos negros y blancos, y la de la mujer tiene círculos y motivos florales coloridos, todo sobre un fondo de pan de oro brillante.

El Beso

Gustav Klimt (1908)

En 1908, el Museo Belvedere de Viena compró El Beso directamente de la exposición donde se presentó por primera vez, antes incluso de que Klimt lo terminara. Era la primera vez que el Estado austríaco adquiría una obra suya. Lo pagaron a un precio récord y desde entonces no ha salido de Viena.

El Beso es un óleo con pan de oro, plata y platino sobre lienzo, pintado por Gustav Klimt entre 1907 y 1908 durante su período dorado, la etapa más reconocida de su carrera. La obra muestra a una pareja abrazada sobre un prado florido, envuelta en un manto dorado que los fusiona en una sola figura.

¿Quién es la mujer de El Beso?

La teoría más extendida entre los historiadores es que los modelos son el propio Klimt y su compañera de toda la vida, Emilie Flöge, la diseñadora de moda vienesa con quien mantuvo una relación de más de veinte años. Klimt la había retratado antes en varias obras. Sin embargo, él mismo negó haberse autorretratado en este cuadro.

Otros historiadores han propuesto que la mujer podría ser Adele Bloch-Bauer, aristócrata vienesa que posó para Klimt ese mismo año en otro de sus cuadros más famosos. Una tercera teoría señala a Red Hilda, la modelo pelirroja que aparece en obras como Dánae, por el parecido del cabello.

Así que la identidad de la pareja permanece oficialmente sin resolver.

El significado de El Beso

Como podemos ver, el manto que envuelve a los dos amantes está dividido en dos lenguajes visuales distintos: el lado masculino lleva motivos geométricos rectangulares en negro y gris, mientras que el femenino lleva círculos y flores en colores cálidos. Klimt construyó así una diferencia de géneros que se complementa hasta fundirse.

Los pies de la mujer asoman al borde del prado, al borde del abismo. Los historiadores han interpretado ese detalle como una alusión a la fugacidad de la pasión o a la entrega total que el amor exige.

El uso del pan de oro (las láminas doradas que van adheridas a la superficie y que eran tan común en el Arte Bizantino) venía de un viaje que Klimt hizo a Rávena en 1903, donde los mosaicos de la iglesia de San Vital lo marcaron profundamente. La planitud de los mosaicos, su ausencia de perspectiva, y el brillo del oro le mostraron un camino que el óleo convencional nunca le había ofrecido.

La obra puede verse en el Museo del Belvedere Superior de Viena.

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